Orgasmo Vaginal. ¡Sí se puede!

Seguro que has oído más de una vez a algún experto en sexualidad hablar de la capacidad orgásmica que tiene tu vagina, y muy posiblemente te hayas encontrado diciéndote a ti misma: “Cuanta imaginación tiene la gente. Seguro que quieren llamar la atención buscando la sequía que muchas estamos pasando”. Siempre pasa lo mismo, cuando hay algo que desconocemos por el simple hecho de que nunca lo hemos visto o experimentado, nos entra la desconfianza y la incredulidad. Y lejos de adoptar una actitud de curiosidad y prueba, nos regocijamos en nuestra situación sexual actual y todo lo que puede ayudarnos a salir de la rutina, lo tachamos de mentira o de algo que solo unos pocos pueden alcanzar.

Muy diferente a nuestra realidad interna, el hecho de que haya sensaciones internas en tu vagina que pueden llegar incluso al orgasmo, parten del hecho físico de poseer un entramado complejo de neuronas y tejido neuronal sensitivo por fuera y por dentro de nuestra vagina. Si no lo podemos sentir, no significa que no funcione, sino que lleva mucho tiempo esperando a que “la marea vuelva a subir”.

La mayoría de vosotras estaréis acostumbradas a obtener placer de la estimulación de vuestro clítoris, esa pequeña bolita muy accesible, que en algunas está más cubierta que otras y que equivale al glande en la anatomía sexual masculino. Se la considera la única estructura corporal humana que está destinada 100% al placer, resultando muy evidente el uso de esta esfera mágica y obviando otras estructuras que no están tan enfocadas al placer o al orgasmo. Aquí viene el clásico de todos los tiempos: “¿Clitoriana o vaginal?”. Si que es cierto que algunas estructuras genitales femeninas tienen más facilidad para sentir placer vaginal que otras, pero eso no quiere decir que las demás no puedan sentirlo. De hecho, todas tenemos el equipamiento interno necesario para sentir placer y orgasmos. Nadie dijo que fuera fácil, difícil o que no se requiriera de tiempo para reactivarlo.

Todas nacemos con estas estructuras activadas y durante nuestra infancia tratamos de investigar y tocarlas de vez en cuando. En el momento que vienen las influencias sociales y familiares nos hacen sentirnos sucias y depravadas, en cada gesto, palabra o regañina. “¡Cualquiera lo toca!" después de recibir tan grata invitación a omitir esa parte del cuerpo tan misteriosa. Con la única imagen que nos quedamos es con la que nos ofrece el porno o alguna amiga más aventajada que nosotras que nos vuelve a recordar para qué sirve eso, pero con una carga inmensa de culpa y de hacer algo prohibido a escondidas. Con todas estas experiencias, lo único que nos puede pasar por nuestra vagina es “Cerrado por vacaciones indefinidas”, no sea que me vean y me la vuelvan a dar. Pero cuando somos lo suficientemente valientes para comenzar la exploración por nuestra “cueva” de nuevo, nos damos cuenta que las regañinas, los gestos y las palabras son ecos del pasado que siguen rebotando en nuestras mentes, pero en nuestra habitación no pasa nada.

Al principio puede suceder esto, los fantasmas del pasado que tendían a culparnos y señalarnos vuelven a aparecer cuando volvemos a tocar nuestra vagina en toda su extensión. Los tejidos genitales, al igual que cualquier otro tejido (pero el genital en especial por relacionarse con nuestra memoria histórica sexual), tienen la curiosa afinidad por guardar experiencias no resueltas, porque en su momento fue demasiado traumático y nosotras no teníamos la suficiente confianza como para mandarlo “al carajo” cualquier gesto del exterior. Si no mantenemos constancia en esta exploración de todo este territorio olvidado, las emociones y el mal rollo se apoderan de nosotras y somos incapaces de pasar al siguiente capítulo. Por lo que decimos: “Ya lo he intentado y no funciona. Yo no puedo conseguirlo”. Para volver a sentir tu vagina en su totalidad, primero hay que “sacar la basura”. Toda esa información transformada en contracturas vaginales y nervios adormecidos debe ser liberada para poder sentir orgasmos vaginales, con eyaculación incluida. Es posible que necesites a un profesional en el tema para tratar con todo este panorama. Hacerlo sola puede llevarte más tiempo de lo esperado.

Un aspecto fundamental para empezar a investigar, y que si no lo sabes es como ir a la deriva sin timón, es un plano de tu anatomía genital femenina. ¿Te has visto alguna vez tu vagina con un espejo? ¿Sabes dónde está tu clítoris? ¿Cómo son tus labios mayores y menores? ¿Has tocado tus paredes internas? ¿Qué profundidad tiene? Todo esto es necesario para ubicar en el espacio físico (no solo en tu espacio mental), como está hecha tu vagina. Muchos escritos hacen referencia del Punto G como única estructura para tener un orgasmo vaginal, pero hay muchas otras estructuras internas que ayudan a sentir el orgasmo y no menos importantes. Además del punto G o glándulas de Gräfenberg, están las glándulas de Bartolini y el cérvix o también llamado punto K, de Barbara Keesling. Es posible que tu anatomía no te permita llegar a todos estos puntos. En ese caso pide una ayuda íntima que esté dispuesta a investigar contigo o hazte con algún vibrador que se adapte bien a tu anatomía interna.

Para el punto K, definitivamente necesitas ayuda de un/a ayudante o vibrador, pues se encuentra al fondo del todo, donde se conectan vagina y útero (cérvix). Para muchas mujeres, este punto resulta doloroso, ya que alberga muchas de las memorias emocionales negativas pasadas y una penetración profunda sin cuidado puede resultar muy traumático. La vibración de un dildo puede ayudar a mover esa energía estancada y preparar la zona para un futuro encuentro sexual lleno de lujuria y orgasticidad.

Para el punto G, puedes probar a meter tus dedos (colocando la palma de la mano sobre tu pubis) y encontrar una estructura rugosa en la pared interna frontal de tu vagina, en la parte opuesta de tu clítoris. Es posible que te den ganas de orinar. Si es así, vas por buen camino. Es posible que si siguieras estimulando ese punto y no tuvieras ningún bloqueo sexual, tendrías la oportunidad de tener uno o varios orgasmos, además de eyacular un líquido inodoro y dulzón. Aquí la vibración prolongada en el tiempo también es bienvenida.

Las glándulas de Bartolini están más a mano. Si ves el orificio de la vagina de frente, se encuentran a las 5 y a las 7 en punto. Estos son los orificios que empiezan a dar lubricación a la vagina. Para que la vagina se active, es necesario dedicar tiempo a estos puntos para que se lubrique y se llene de sangre y otros fluidos. Por lo tanto, es muy aconsejable saber su localización y estimularlos antes de entrar “hasta la cocina”.

No hay que olvidarse que para que el interior reaccione al toque y la estimulación, es necesario activar el exterior, para dar volumen y sensibilidad a la vagina. Empezaríamos por todo el cuerpo, centrándonos en los pechos, el monte de Venus y el área periférica vaginal, para después ir hacia el clítoris en toda su extensión. Si creías que el clítoris solo era ese bolita que se esconde bajo las pieles, estás muy equivocada. Algunas culturas la llaman la “Serpiente Voladora” por su similitud. De hecho, ese botoncito tiene 4 extremidades que recorren una distancia bastante grande. 2 patas discurren por los laterales entre los labios mayores y las ingles, y las otras 2 se hinchan y dan forma a estos labios mayores cuando la zona está estimulada y excitada

Una vez que hemos calentado por dentro y por fuera, solo es cuestión de tiempo, relajación, divertimento, estimulación y algún que otro gemido para empezar a sentir placeres muy elevados, tanto por dentro como por fuera. No te pongas objetivos demasiado altos al principio porque lo único que encontrarás será frustración y desilusión. Tampoco pretendas que con la penetración lo vas a conseguir a la primera. Si llevas tanto tiempo con esa zona adormecida, lo mejor es que empieces con estimulación manual o alguna mano cariñosa ajena. Cuando ya lo hayas conseguido con esa estimulación manual, ya puedes aventurarte a probarlo con penetración, ya sea con un hombre o una mujer dispuesta a ayudarte o un vibrador con la suficiente batería para que dure por lo menos 30 minutos. Familiarízate con una rutina fácil de seguir y donde estés totalmente presente, sin pensar en la compra que tienes que hacer después. Hazlo como un ritual para despertarte, para irte a la cama o marca en tu calendario los días que te comprometes a la investigación científica de tu cuerpo, con remuneración a base de placer y diversión.

 

Héctor Fernández García

 

 

 

 

 

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